Vibra
Vibra…de Vibración
La terapia del sonido se basa en una ley física, el principio de resonancia, o
sea la influencia que un sistema (cuerpo, órgano) recibe cuando una
fuente de ondas vibratorias emite en una frecuencia similar a la natural o
propia del sistema.
La vibración del cuenco y del gong tienen la capacidad
de provocar una vibración similar en otro cuerpo. Las vibraciones de los cuencos
tibetanos, gongs, crótalos estimulan el cuerpo que al entrar en sintonía
con la frecuencia de los instrumentos, vuelve a encontrar por sí mismo sus
propias frecuencias armónicas.
Conducido por estas vibraciones naturales y sanas, el cuerpo se une a
las ondas vibratorias. La vibración sonora genera una
oscilación en las moléculas del aire que vibra, resuena y transmite la
vibración a las moléculas contiguas, y así se va propagando a una velocidad
que depende del elemento con el que se encuentre. En caso de propagarse
por el agua, la velocidad del sonido es cinco veces mayor que por el aire.
Dado que el 70% de nuestro cuerpo está formado por agua,
resulta evidente que nuestro organismo
es un medio adecuado para la transmisión del sonido.
Nosotros estamos vibrando constantemente. Cada molécula,
célula, tejido, órgano, glándula, hueso y fluido de nuestros cuerpos
tiene su propio índice de vibración.
Todo el Universo es Vibración.